martes, 28 de marzo de 2017

 
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Historia

DEL SUEÑO DE 1524 A LA REALIDAD DE LOS NOVENTA.
Andrés Aubry

 

 

El lunes de pascua de resurrección de 1524, los compañeros de Bernal Díaz del Castillo regresaban del asalto a Chamula e instalaban su campamento junto al río Amarillo "pusieron en platica que sería bien poblar allí una villa".
 

Así nació Ciudad Real cuatro años más tarde, con otros soldados capitaneados por Diego de Mazariegos. Pero, el sueño de los conquistadores no congeniaba con el proyecto de los tzotziles, quienes, en el transcurso de los siglos, habían edificado ya unos quince conjuntos arquitectónicos mayas en el valle. Desde aquel momento, la vieja Chiapa prehispánica se partió en dos hemisferios sociales: La Chiapa de españoles(hoy San Cristóbal que será la capital colonial) y la de indios (hoy Chiapa de Corzo), dando así su nombre plural al estado. 

Estos dos sueños encontrados explican el destino de esta sociedad dual, cuya tensión -hoy todavía discernible- se resolvió en sus inicios por la creación de un anillo de barrios indígenas que guarecían como escudo humano el casco urbano de los españoles. Para pacificar a estas dos poblaciones antagónicas, se dispusieron tres monasterios (mercedario, dominico y franciscano) entre el centro hispano y la periferia indígena. Pero, antes de que naciera el último convento, el primer obispo efectivo, llegado en 1545, el dominico fray Bartolomé de las Casas, optó por el sueño de los mayas y, en consecuencia, padeció el rechazo de los conquistadores. Cuatro siglos y medio después, la multiforme resistencia indígena, con su cuota de represión y mal trato, y los cuestionamientos a la iglesia popular de la diócesis de San Cristóbal, manifiestan que el conflicto no se ha resuelto del todo. 

El sueño español de 1524 revelaba una evidente voluntad urbana. Durante sus dos primeros siglos, la ciudad luchó contra las inundaciones, los sismos y el aislamiento que la marginaba en los confines. 

En ese momento fundador, se creó terca y obstinadamente la ciudad mudéjar que postulaba que el indígena era el nuevo moro, hasta que se rebelara en 1712, desde el pueblo de Cancuc. Fue cuando se liberaron los créditos de la corona para urbanizar formalmente a San Cristóbal y construir sus monumentos barrocos. Sin embargo, en aquel momento, la conquista estaba ya tan lejos en el tiempo como España en el espacio, de tal forma que, entre indígenas de varias etnias, esclavos negros de muchas procedencias, y lejanos descendientes de los españoles, surge un pueblo nuevo: Nace la ciudad criolla. 

Ahora, ya no son solamente los nativos quienes rechinan contra el dominio español de los alcaldes mayores que los gobernaban, sino también la nueva población criolla. Su principal portavoz será de nueva cuenta un hijo de Las Casas: Un amigo criollo de Joaquín Miguel Gutiérrez, el dominico Fray Matías de Córdoba; promulga pacíficamente la independencia (1821), sin derramamiento de sangre, descolgando a Chiapas del reino de Guatemala para agregarlo a la república mexicana (1824). 

En ese nuevo momento urbano, siguen las inundaciones y los sismos, además de plagas y epidemias como en el siglos XVI Y XVII, y surgen también nuevos obstáculos, ya no físicos sino políticos, ya que van forjando la conciencia ciudadana: eternos conflictos entre conservadores (centralistas) y liberales (federalistas) ajustando sus cuentas con las armas (hasta 1861); luego la guerra antintervencionista (en Chiapas 1861-1864) que bombardeara dos veces la ciudad; y finalmente la lucha antirreeleccionista (1866-1876), también con combates episódicos. La ciudad se iba vaciando porque reinaba el miedo: la población emigró hacia los ranchos, hasta que un combatiente de todas esas luchas, el general Miguel Utrilla, accediera a la gubernatura e instaurara la paz (1879-1883). Es cuando su urbanista neoclásico, el ingeniero Carlos Z. Flores, moderniza la ciudad, remodela algunos monumentos, viste las calles con portones dóricos y ventanas toscanas, siembra los parques con jardines y kioscos. Esta brillante empresa urbana se interrumpe en 1892 cuando los poderes se trasladan a Tuxtla. 

En la revolución, San Cristóbal se equivoca de bando porque quiere recuperar su status de capital del Estado y conservar sus fincas de peones acasillados, Al triunfar la Revolución, las ambiciones de los sancristobalences son castigadas; los que quieren prosperar deben refugiarse en la colonia chiapaneca del D.F. El estancamiento de la ciudad por exilio de sus élites inquieta al Presidente Lázaro Cárdenas, cuya intervención en 1940 la reactiva con medidas económicas, educativas, sociales y agrarias que explican su repunte ulterior. En 1947, los bueyes que jalaban carruajes por malas brechas, ceden el paso a automóviles porque !por fin ! la carretera panamericana vincula San Cristóbal con el resto del país. 

Apartir de 1970, la ciudad duplica cada década, alcanzando hoy los 100 000 habitantes. Pero desde esa fecha, el crecimiento demográfico no obedece al saneamiento cardenista sino, al contrario, a las frustraciones de campo por que los pueblos indígenas buscan cómo superar la crisis conquistando espacios urbanos. Con sus miles de desempleados, sus 47 fraccionamientos irregulares ( 1993 ), un 35.30 % de indígenas y un 23.23 % de analfabetas (1990), San Cristóbal es otra ciudad, en la que una tercera parte de su gente intenta reconstruir sus vidas, desestabilizadas por la modernidad anárquica que la expulsa del campo.

 

 
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San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México
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